sábado, 12 de agosto de 2017

Escritos de N. M. Santa Clara

CARTA I  A  SANTA INÉS  DE  PRAGA  [CtaCla1]
1 A la venerable y santísima virgen, doña Inés, hija del excelentísimo e ilustrísimo rey de Bohemia,  2 Clara, indigna servidora de  Jesucristo y sierva inútil (cf.  Lc 17,10) de las damas encerradas del monasterio  de San Damián, súbdita y sierva suya  en todo, se le encomienda de  manera absoluta con  especial reverencia y  le desea  que obtenga la gloria de la felicidad eterna. 3 Al llegar a mis oídos la honestísima  fama de vuestro santo comportamiento religioso y de vuestra vida,  que se ha  divulgado egregiamente, no sólo hasta  mí, sino por  casi toda la tierra, me  alegro muchísimo  en el  Señor y salto de  gozo (cf.  Hab 3,18);  4a causa de eso, no sólo yo  personalmente puedo saltar de gozo, sino todos  los que sirven y desean servir a Jesucristo.  5Y el motivo de esto es que, cuando vos hubierais podido disfrutar más que nadie de las pompas y honores y dignidades del siglo, desposándoos legítimamente con el ínclito  Emperador con gloria excelente, como convenía a vuestra excelencia y a la suya,  6desdeñando todas esas cosas, vos habéis elegido más bien, con entereza de  ánimo y con todo el afecto de vuestro  corazón, la santísima pobreza y la penuria corporal,  7tomando un esposo de más noble  linaje, el Señor Jesucristo, que guardará vuestra virginidad siempre inmaculada e ilesa.  8Cuando lo amáis,  sois casta;  cuando lo tocáis, os volvéis más  pura; cuando  lo aceptáis, sois virgen.  9Su poder  es más fuerte, su generosidad más excelsa, su aspecto más hermoso, su  amor más  suave y toda su gracia más  elegante.  10Ya estáis vos estrechamente abrazada a Aquel que ha  ornado vuestro pecho con piedras preciosas y ha colgado  de vuestras orejas margaritas inestimables,  11y os  ha envuelto toda de perlas brillantes  y resplandecientes, y  ha puesto sobre  vuestra cabeza  una corona de oro marcada con el signo de la santidad (cf. Eclo 45,14). 12Por tanto, hermana carísima, o más bien,  señora sumamente venerable, porque sois esposa y madre y hermana de mi Señor Jesucristo (cf. 2 Cor 11,2; Mt 12,50),  13tan esplendorosamente distinguida por el  estandarte de la virginidad inviolable  y de  la santísima pobreza, confortaos en el santo servicio comenzado con el deseo ardiente del pobre Crucificado,  14el cual  soportó la  pasión de la cruz  por todos  nosotros (cf. Heb 12,2), librándonos del poder  del príncipe  de las tinieblas (cf. Col  1,13), poder  al que estábamos encadenados por la  transgresión del primer hombre, y reconciliándonos con Dios Padre (cf. 2 Cor 5,18).  15¡Oh bienaventurada pobreza, que da riquezas eternas a quienes la aman  y abrazan! 16¡Oh santa pobreza, que a los que la poseen  y desean les es prometido por Dios el reino de los cielos (cf. Mt 5,3), y  les son ofrecidas, sin duda alguna, hasta la eterna gloria y la vida bienaventurada!  17¡Oh piadosa pobreza, a la que  el Señor Jesucristo se dignó abrazar con  preferencia sobre todas  las cosas, Él, que  regía y rige  cielo y tierra, que, además, lo dijo y las cosas fueron  hechas (cf. Sal 32,9; 148,5)!  18Pues las zorras, dice Él, tienen madrigueras, y las aves del cielo nidos, pero el Hijo  del hombre, es decir, Cristo, no tiene donde reclinar la cabeza (cf. Mt 8,20), sino que, inclinada la cabeza, entregó el espíritu (cf. Jn 19,30). 19Por consiguiente, si tan grande y tan importante Señor, al venir al seno de la Virgen, quiso aparecer en  el mundo,  despreciado, indigente y pobre  (cf. 2  Cor 8,9), 20para que los hombres, que eran  paupérrimos e indigentes, y que sufrían una indigencia extrema de alimento  celestial, se  hicieran en Él  ricos mediante  la posesión del reino de los cielos (cf. 2  Cor 8,9),  21saltad de gozo y alegraos muchísimo (cf. Hab 3,18), colmada  de inmenso gozo y alegría espiritual,  22porque, por haber preferido  vos el  desprecio del  siglo a los honores, la pobreza a las riquezas temporales, y  guardar los  tesoros en  el cielo antes  que en  la tierra,  23allá donde ni la herrumbre  los corroe,  ni los  come la polilla, ni  los ladrones  los desentierran y roban (cf. Mt 6,20), vuestra recompensa es copiosísima en los cielos (cf. Mt 5,12),  24y habéis  merecido dignamente  ser llamada hermana, esposa y  madre del Hijo del Altísimo Padre (cf. 2 Cor 11,2; Mt 12,50) y de la gloriosa Virgen.  25 Pues creo  firmemente que vos sabíais  que el  Señor no da ni promete  el reino de los cielos sino a  los pobres  (cf. Mt  5,3), porque cuando se ama  una cosa  temporal, se pierde el fruto de la caridad;  26que no se puede servir a Dios y al dinero, porque o se ama a uno  y se aborrece  al otro,  o se servirá a uno y se  despreciará al otro  (cf. Mt 6,24);  27 y que un hombre vestido  no puede luchar con otro desnudo,  porque es más pronto derribado al suelo  el que tiene de  donde ser asido; y  que no se  puede permanecer glorioso en el siglo y luego reinar allá con Cristo;  28y que antes podrá pasar un camello por el ojo de una aguja, que  subir un rico al reino de los cielos (cf. Mt 19,24).  29 Por eso vos os habéis despojado de  los vestidos, esto es, de  las riquezas temporales, a fin de evitar absolutamente sucumbir en el combate, para que podáis entrar en el reino  de los  cielos por  el camino estrecho y la  puerta angosta  (cf. Mt 7,13-14).  30Qué negocio tan grande y loable: dejar las cosas  temporales por  las eternas, merecer las cosas celestiales por las  terrenas, recibir el ciento por uno, y poseer la bienaventurada vida eterna (cf. Mt 19,29). 31Por lo cual consideré que, en cuanto  puedo,  debía suplicar a  vuestra excelencia y santidad, con humildes preces, en  las entrañas  de Cristo (cf. Flp  1,8), que  os dignéis confortaros en su santo servicio,  32creciendo de  lo bueno a lo mejor, de virtudes en virtudes (cf. Sal 83,8),  para que  Aquel a  quien servís con todo  el deseo  de vuestra alma, se digne daros con profusión los premios deseados. 33Os ruego también en el Señor, como puedo, que os dignéis encomendarnos en vuestras santísimas oraciones (cf. Rom 15,30),  a mí, vuestra servidora, aunque inútil (cf. Lc 17,10), y  a las  demás hermanas,  tan afectas a vos, que  moran conmigo  en este monasterio,  34para que, con la ayuda de  esas oraciones, podamos merecer la misericordia de Jesucristo, y merezcamos igualmente gozar junto con vos de  la visión eterna. 35Que os vaya bien en el Señor, y orad por mí.

Canto "Los Magos"

Los Magos Autor: José Antonio Olivar / Carlos Montero Disco: Villancicos en Belén https://soundcloud.com/hna-maria-inmaculada-osc/los-magos ...